Castropol. Periódico decenal:
Castropol a Fernando Villaamil

Edición facsímil
ISBN: 978-84-8367-350-8
Medidas: 165x240
Páginas: 80
Fecha de publicación: 2011


9,95 € -

Otros Títulos

Hace ahora un siglo, Castropol ardía en fiestas al coincidir en las mismas fechas importantes acontecimientos: la inauguración del monumento dedicado al marino Fernando Villamil y la remodelación del Parque y el nuevo Casino-Teatro. El programa oficial reunía variadas actividades y tuvo amplio eco tanto fuera de la comarca como en América: regatas, conferencias, desfiles, misas, banquetes, espectáculos, discursos...
Cien años después, la Corporación Municipal de Castropol, los vecinos, la Armada Española y otras entidades y particulares han querido conmemorar aquellas efemérides.
El decenario Castropol, como no podía ser menos, quiso unirse a las celebraciones mediante la publicación de un número especial que pronto se convirtió en una joya del coleccionismo hemerográfico, dada la repercusión que encontró en España, pero sobre todo en Cuba, Puerto Rico, México y Argentina, a donde habían llegado los ecos de los festejos.
El primer número de Castropol salió a la luz el 25 de abril de 1905, de la mano de un grupo de jóvenes entre los que se encontraban Claudio Luanco, Vicente Loriente, Victoriano García de Paredes...
El Castropol, que se subtitula Periódico decenal. Defensor de los intereses morales y materiales del Partido Judicial, nace con inquietudes regeneracionistas, un tanto burguesas, que intentan remover las bases educativas, políticas, sociales...de una España que no acaba de salir de su postración.
Posteriormente, los órganos rectores del Castropol y la juventud que lo apoyaban deciden unirse a la iniciativa política que encabeza en 1911 el ovetense Melquíades Álvarez, y a la que también se apuntan Ortega y Gasset, Azaña, etcétera.
En 1925, el Castropol desaparece, al decir de algunos, por las presiones de la dictadura de Primo de Rivera y, según otros, a causa de dificultades económicas sobrevenidas. Será sustituido por El Aldeano.

(Del prólogo, M. A. Serrano Monteavaro)