Narciso Santos Yanguas:
Asturias, los astures y la minería romana del oro


ISBN: 978-84-8367-356-0
Medidas: 17 x 24 cm
Páginas: 608
Fecha de publicación: Oviedo, 2011


39,95 € -

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Asturias, los astures y la administración romana durante el Alto Imperio
Hábitat castreño, minería del oro y romanización del suroccidente de Asturias: el concejo de Allande
La conquista del territorio de los astures por Roma y la administración del mismo en los años del cambio de era nos ayuda a comprender el proceso de integración de dichas poblaciones en las formas de vida romana. Como elemento esencial de dicho fenómeno, nos encontramos con los aspectos económicos y, más en concreto, con el aprovechamiento de los yacimientos auríferos, cuyos antecedentes se remontan a los tiempos prerromanos. Según avanzamos en el siglo I de nuestra era, los romanos acelerarán dicho proceso, constituyendo tal vez la época de Claudio el primer momento de aplicación completa de los mecanismos técnicos en el campo minero.
Con estos antecedentes, los romanos explotarían sobre todo el aluvión correspondiente a los yacimientos secundarios (minería a cielo abierto) mediante el sistema de la fuerza hidráulica, dado que sus conocimientos técnicos apenas permitirían la práctica de la minería de interior. Asistiremos a ciertos cambios en el poblamiento, cuyos elementos arquitectónicos principales serán respetados, al tiempo que surgen nuevas formas de hábitat vinculadas al trabajo en las cortas.
La regulación administrativa romana de las minas derivaba de la propiedad imperial de los distritos, por lo que sus delegados (procuratores metallorum y beneficiarios) serían los encargados de dirigir no solo la explotación, sino también la conservación y salida en dirección a la capital del Imperio. Durante siglo y medio aproximadamente, el filón esquistoso de oro del noroeste peninsular sería aprovechado por los romanos hasta el momento en que las nuevas condiciones (agotamiento de los mejores yacimientos, nueva situación sociopolítica...) hicieron que dichas tareas no resultasen rentables, por lo que Caracalla decretaría su final.