José Manuel Parrilla:
Galeón de tornaviaje

Premio de Novela Casino de Mieres 2007
ISBN: 978-84-8367-065-1
Medidas: 17 x 24 cm
Páginas: 192
Fecha de publicación: Oviedo, 2007


17,95 € -

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Ruido de trenes
Galeón de tornaviaje narra las aventuras y desventuras de don Nuño García de Maniferro, un viejo capitán de corazas que corre al albur del mar de la conquista de América y, en su larga singladura de tornaviaje, entra en delirio a bordo del galeón Santa Catalina. Don Nuño, en su tremenda agonía, rememora las peripecias de su alborotada vida: sus atormentadas luchas, sus apasionados amores, el fascinante asombro ante el Nuevo Mundo, su esfuerzo por dar nombre a las nuevas realidades nunca vistas: pájaros, plantas, mujeres, hombres y ciudades. Las hazañas del capitán se concretan en una larga relación de cartas escritas a sus dos mujeres, doña Ana de Mendoza y su amante doña Oro Miguélez; a sus hijos e hijas; a las mamaconas y cacicas del Nuevo Mundo; al rey, de cuya intendencia depende; a la reina calva de Inglaterra, alcahueta de piratas, filibusteros y mendigos de la mar; a su tía doña Gonzala, abadesa de Tordesillas, señora de horca y cuchillo; al Maligno, Señor de los Tenebros; a sus apaniaguados, vasallos y yugueros, Pero Malaespina, Cipriano Borrico y Lucio Pisapollos; al inquisidor general de las Españas... De todo ello da cumplida fe don Pero Sañudo, el escribano de a bordo, mientras el padre José le rocía con el agua bendita de su hisopo.
Al férreo conquistador le mueve la fe, el espíritu caballeresco y, sobre todo, la confianza en el hombre mismo, nacida del fulgor del Renacimiento, aquella época dorada de la Humanidad, donde el brillo de las armas iba unido al resplandor de las letras, con personajes como Garcilaso, Hernando de Acuña o el sin par Miguel de Cervantes. El deseo del delirante don Nuño de recalar en el puerto de Sevilla, entonces "Puerta del Mundo", no llega a buen fin. La muerte ataja su vida bajo la toldilla del galeón y el caballero es arrojado al océano, a la manera marinera, enmaromado con cuerda, lastre y plomo, mirando al sol como las águilas, en lo que los nautas llaman Boca del Dragón, entre la isla del Gallo y la bahía del Lobo, a mil quinientas millas de Puerto Bichichi.