Alejandro García Álvarez-Busto (editor):
Asturias monástica. Catálogo de monasterios y revisión histórica arqueológica (siglos XI-XIX)

Anejo de Nailos, Estudios Interdisciplinares de Arqueología
ISBN: 978-84-8367-703-2
Medidas: 21 x 29,7 cm
Páginas: 768
Fecha de publicación: diciembre 2020


65 € -

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Este compendio de estudios fue gestado sobre la idea inicial de elaborar un primer corpus de la arquitectura monástica conservada en Asturias, analizada desde los planteamientos científicos propios de la Arqueología. El propósito principal era obtener un estado de la cuestión acerca de nuestro grado de conocimiento sobre el pasado de estos bienes inmuebles históricos. Para ello se planteó recopilar, analizar e interpretar la información existente de cada monasterio, acompañando cada uno de ellos con una planta general en la que se identificasen los diferentes espacios que los componían, siempre que esto fuera posible, y que nos permitiese definir unas tipologías arquitectónicas para cada periodo y orden monástica. Aplicamos en este proceso la metodología arqueológica y sus técnicas e instrumental analítico; por esta razón, en este trabajo solo han participado arqueólogos, alumbrando una primera aportación autónoma que deberá de servir en los próximos años para establecer una dialéctica con otros análisis elaborados en paralelo por historiadores e historiadores del Arte, entre otros. El compromiso de llevar esta iniciativa a buen puerto surgió en el seno de la Asociación de Profesionales Independientes de la Arqueología Asturiana (APIAA) y para ello resultó fundamental la colaboración desinteresada de sus miembros, contando prioritariamente con aquellos que habían excavado o estudiado algunos de estos monasterios con anterioridad, quienes son los firmantes de los diferentes artículos compendiados. A todos ellos les queremos agradecer su importante esfuerzo y dedicación en la tarea encomendada. Algunos de los monasterios revisitados, los menos, contaban ya con excavaciones arqueológicas de cierta entidad, como era el caso de Cornellana, San Pedro de Villanueva, San Francisco de Avilés, Raíces, Agustinas de Gijón o Corias. En otros sitios, por el contrario, las exploraciones del subsuelo se habían limitado a pequeños sondeos y trincheras, como ocurría en San Vicente de Oviedo, Obona, Bárcena, Oscos, Bedón, Valdediós o Santo Domingo de Oviedo; mientras que en el resto de establecimientos religiosos aún no se había llevado a cabo excavación arqueológica alguna con metodología científica adecuada (San Pelayo de Oviedo, La Vega, Lapedo, Celorio, Villamayor, Soto de Parres, Nava, Gúa, San Francisco de Tineo, Santa Clara, Las Huelgas de Avilés, San Matías, Agustinas de Llanes, Encarnación de Cangas del Narcea, La Merced de Sabugo, o los dos conventos de Villaviciosa: Capistrano y La Concepción).

Por su parte, los análisis estratigráficos murarios realizados en los alzados de estos edificios son todavía más escasos que las propias excavaciones y apenas se han practicado, con mayor o menor detalle, en Oscos, Raíces, Corias o Agustinas de Gijón. Además, en la mayoría de estos casos no contamos por el momento con diagramas estratigráficos que sistematicen la secuencia constructiva apreciada en cada sitio. Este rápido repaso del estado de la cuestión muestra a las claras cómo es aún ingente el trabajo de investigación que queda por hacer en estos complejos arquitectónicos repartidos por la geografía asturiana; un trabajo que en muchos casos resulta perentorio si no queremos perder, para siempre, buena parte de la información que todavía atesoran entre sus paredes. Por ello, nuestro conocimiento sobre la evolución arquitectónica de los monasterios asturianos resulta a día de hoy tan precario como desigual, y en muchos casos la elaboración de los estudios de algunos de estos conjuntos edificados se ha tenido que limitar a una revisión crítica de la historiografía preexistente, junto con una relectura arqueológica de la escasa información disponible sobre cada uno de ellos: bien materiales arquitectónicos o escultóricos descontextualizados, bien documentación escrita publicada, epigrafía, fotogrametrías actuales, fotografías antiguas, mapas o planos históricos. En ciertos casos algunos de los autores, llevando su compromiso más allá de lo requerido inicialmente, consultaron parcialmente los numerosos fondos documentales que se conservan en diferentes archivos, y que se encuentran mayoritariamente inéditos; sin duda, este es un trabajo que todavía está por hacer con carácter sistemático por parte de paleógrafos y documentalistas. En otros enclaves se han realizado las primeras prospecciones de los entornos más inmediatos a los establecimientos monásticos, fundamentales por otra parte si queremos comprender en todo su sentido no solo el emplazamiento del edificio, sino también cómo se organizaron y explotaron económicamente sus contornos más cercanos. Al respecto y cuando menos, resulta llamativo que aún no se hayan realizado prospecciones geofísicas en ninguno de los monasterios de la región, siendo como son contextos ideales para este tipo de análisis no agresivos del subsuelo. Por otro lado, la investigación desarrollada en esta obra coral se acometió desde los planteamientos históricos de la larga duración, recuperados aquí para ser aplicados a la arqueología histórica reciente, y tratando de evitar así las tan frecuentes como artificiosas y distorsionadoras barreras levantadas entre los tiempos medievales y modernos, más si cabe en casos de estudio tan concretos como el que nos ocupa. De esta manera, el enfoque diacrónico nos permitiría estudiar íntegramente la evolución de las arquitecturas monásticas desde el siglo XI hasta el XIX, abarcando el periodo de «vida natural» de cada monasterio, con recorridos cercanos a los ochocientos años en aquellos establecimientos más antiguos. La undécima centuria como punto de arranque, dado que fue por entonces cuando se empezaron a configurar los primeros recintos claustrales en nuestro solar norteño, al calor de la introducción de la regla benedictina en monasterios como San Vicente de Oviedo o San Juan Bautista de Corias. Anteriormente, Introducción a la Arqueología de la Arquitectura monástica en Asturias
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durante los siglos IX y X, se constata un fenómeno monástico diferente, de raíz hispano-visigoda, regido por reglas como las de San Isidoro o San Fructuoso, que generaron edificios monásticos más modestos y que apenas conocemos, más allá de algunos ejemplos conservados en pie como Santo Adriano de Tuñón (891) o San Salvador de Priesca (921). El siglo XIX constituía un punto y aparte ineludible en nuestro objeto de estudio, acotado en 1835 por una desamortización de Mendizábal que supondría la exclaustración de la gran mayoría de las comunidades estudiadas y, por ello, el cambio radical en la funcionalidad de estas arquitecturas monásticas sino el inicio de su ocaso y consecuente ruina. En todo caso y como historiadores, pero también como gestores del patrimonio cultural, nos interesaba conocer qué había sucedido con estos edificios durante los siglos XIX y XX más allá de su uso religioso original; por esta razón, José Antonio Fernández de Córdoba y Fructuoso Díaz García dedican un capítulo de la obra a lo acontecido en estos lugares a lo largo de la época contemporánea. Se analizan en total treinta y un sitios, correspondientes a diferentes órdenes y congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas: benedictinos, Císter, Fontevrault, franciscanos, clarisas, mercedarios, dominicos, jesuitas y agustinas (vid. Tabla 1). Estos se encuentran repartidos a lo largo y ancho del solar asturiano, pero advirtiéndose algunas concentraciones espaciales, de mayor a menor densidad, en torno a Oviedo, Avilés, Villaviciosa, Llanes, el surco prelitoral desde Cangas de Onís hasta Nava, y las tierras de Tineo y de Cangas del Narcea. Si atendemos en exclusiva a las fundaciones de época moderna de los siglos XVI y XVII, se puede comprobar como todas ellas lo fueron de carácter urbano, localizándose por pares en Oviedo, Avilés y Villaviciosa, y el resto, individualmente, en Gijón, Llanes y Cangas del Narcea (Figura 1).