María Luisa Prada Sarasúa:
La insólita historia de Damián Casares


ISBN: 978-84-8367-661-5
Medidas: 165 x 235 mm
Páginas: 269 páginas
Fecha de publicación: octubre 2019


23,95 € -

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A comienzos de la década de los cincuenta del pasado siglo, llegaban a la estación de Avilés los «sin papeles» de entonces, cientos de personas paupérrimas que habían abandonado su lugar de origen buscando una vida mejor, con el deseo de trabajar en la cimentación de la Empresa Nacional Siderúrgica de España s.a. conocida luego por el acrónimo Ensidesa.
La imagen de aquella gente durmiendo en las aceras, portales, o cualquier otro refugio hizo que se instalara en la pequeña ciudad burguesa una aporofobia que nunca antes había existido, lo que propició que durante un gran periodo aquellas personas sufrieran un total rechazo y una exclusión social absoluta.
Uno de ellos era Damián Casares Donoso, un hombre llegado desde Las Hurdes a quien se destinó al puesto de «campanero», nombre que se les daba a quienes tenían que realizar su peligrosísima tarea dentro de unas «campanas» compuestas de estructuras de hormigón ancladas en el barro y colocadas a más de diez metros de profundidad. En ellas se debía inyectar una fuerte presión de aire que permitiera el trabajo de varios hombres en su interior. Estos, sin el mínimo material de protección, bajaban a cavar la tierra, alejando el agua de las marismas hasta llegar a un suelo firme que permitiese la cimentación. Debido a la fuerza del aire comprimido se les rompían los tímpanos, sufrían hemorragias, daños en los huesos y en muchos casos les ocasionaba la muerte. La insólita historia de Damián Casares, en cuya trama, aparte del dolor, la envidia, el engaño, las mentiras y las medias verdades, hay lugar para el amor, el sacrificio, la renuncia y la generosidad, servirá para recordar cada vez que se visite el Centro Niemeyer que bajo sus cimientos, que antes fueron los de las antiguas instalaciones siderúrgicas, siguen sepultadas cientos de personas que permanecerán para siempre en la memoria popular aunque nunca se les quiso poner rostro.