George Santayana:
La tradición gentil en la filosofía americana

Introducción de José Beltrán y Daniel Moreno
Traducción de Pedro García
ISBN: 978-84-8367-621-9
Medidas: 115 x 165 mm
Páginas: 95 pp.
Fecha de publicación: octubre de 2018


9,95 € -

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Suele preguntarse por qué Jorge/George Santayana abandonó en 1912 Estados Unidos y una envidiable posición académica cuando estaba a punto de cumplir los cincuenta años. Circula incluso la anécdota de que la decisión la tomó un día de primavera mirando la ventana desde el lugar, gris y aburrido se supone, donde daba clase. El texto ahora rescatado, La tradición gentil en la filosofía americana (1911), permite acotar la respuesta. Santayana acabó dándose cuenta de que no le gustaban las mansiones señoriales ni los incipientes rascacielos ni la profesionalización de la filosofía. Aunque la relevancia de la conferencia excede con mucho la cuestión meramente personal. Nos encontramos, de hecho, ante un texto clásico. A él vuelven los norteamericanos cada vez que tienen dudas acerca de su identidad.
Leída ahora, esta conferencia adquiere, a la luz de los acontecimientos que está protagonizando Estados Unidos, un relieve y una actualidad no buscados. El mensaje de Santayana no presagia la deriva de esta auténtica encrucijada histórica que estamos viviendo, pero sí advierte con claridad acerca de lo que puede suponer el ejercicio de una libertad absoluta y dogmática: el regreso de la barbarie frente a todo proyecto ilustrado y el crecimiento de la cizaña en tierra propicia para las semillas.

George Santayana, nacido en Madrid en 1863, fue educado en Boston (Estados Unidos) por razones familiares. Fue profesor en la Universidad de Harvard durante veinte años, completando sus estudios en Berlín y en Cambridge. En 1912, tras la muerte de su madre, abandonó la universidad y América para viajar por Europa mientras leía y escribía sin descanso. Visitó España regularmente hasta 1930 y mantuvo siempre su pasaporte español. La Primera Guerra Mundial le atrapó en Oxford y la Segunda Guerra Mundial en Roma, donde había establecido su residencia preferente en 1925 y donde murió en 1952.
Él mismo resumió su vida de este modo: «Tres son los lazos que ahogan la filosofía: la Iglesia, el tálamo y la cátedra. De la primera escapé en mi juventud; nunca entré en el segundo y, tan pronto como me fue posible, escapé de la tercera».