Silvia Albert Sopale


No es país para negras
Edición bilingüe inglés/español. Traducción e introducción de Paola Prieto López
El arte reactiva posibilidades que han sido reprimidas desde la hegemonía» (Mar García, 2018: 12). Sin embargo, este potencial es, a menudo, suprimido en las obras de teatro producidas por dramaturgos y dramaturgas blancos que, a menudo, reproducen visiones estereotipadas sobre la comunidad afrodescendiente. Aquí yace el interés principal de la obra de Silvia Albert Sopale, al tratarse de una de las primeras obras en la historia del teatro español cocreada por una mujer afrodescendiente y que directamente ahonda en cuestiones que incumben a esta comunidad:
Hay personas en el mundo del teatro, mujeres incluidas, que, cuando hablas de mujeres africanas en escena, piensan en una mujer de una aldea remota que camina sosteniendo un cántaro de agua en la cabeza. También existen obras de teatro de autores africanos hombres, aunque el tratamiento de la mujer no es el mismo que el nuestro, incluso cuando creen que hablan desde una perspectiva feminista. Además, privilegian la mirada sobre África, la idea de volver a la tierra de sus antepasados,
y muestran en sus obras mujeres idealizadas de un pasado también idealizado. Aunque estén cargados de buenas intenciones, estas figuras no responden a nuestra concepción de la mujer. Además, yo no quiero hablar de la mujer africana, sino de su hija nacida aquí y de la diáspora. La nueva dramaturgia que queremos impulsar en este país parte de un principio muy simple: nuestras historias las contamos nosotras (García, 2018: 145-146).
Aunque las obras recientes que tratan de la experiencia de la mujer afrodescendiente o inmigrante intentan visibilizar la presencia de esta comunidad en el teatro y, en consecuencia, en el imaginario de lo que es ser español, muchos de estos textos continúan promoviendo lecturas estereotipadas o limitadas. De ahí la importancia de que existan dramaturgas y dramaturgos afrodescendientes, así como directoras y directores que cuenten sus propias historias. Lo mismo
ocurre en el campo del cine, en el que, como bien apunta Isabel Santaolalla (2005) en su monografía «Los otros», a pesar de que la presencia del tema de la inmigración y de personajes negros en el cine comienza en la década de los 1990 con la película Las cartas de Alou, de Montxo Armendáriz, «el acto mismo de dar visibilidad a un grupo, de producir “conocimiento” acerca de él, tiene la potencialidad de generar todo tipo de efectos, desde los más enriquecedores hasta los más discriminatorios» (Santaolalla 2005: 258).
No es país para negras se defi ne por la propia autora como un unipersonal tragicómico, aunque resulta difícil poner etiquetas a un trabajo tan diverso y que maneja tantas infl uencias como el de Sopale. En él, no solo el texto sino también el uso del cuerpo, la danza, los juegos de palabras, la luz o la música cuentan tanto como las palabras.
¿Es España un país para negras? Ésta es la pregunta que Silvia plantea a través de su pieza. La obra, que parte del poema de Victoria Eugenia Santa Cruz «Me gritaron negra», adentra a los espectadores en un viaje por la vida de la actriz, poniendo en el centro del escenario las vivencias y experiencias de mujeres afrodescendientes que deben negociar y construir su identidad en un país racista como España.