Julio A, Fernández Lamuño / Adolfo García Martínez / Juaco López Álvarez


La sociedad campesina en el occidente de Asturias (1950-1975)
Álbum fotográfico. Presentación de Juaco López Álvarez. Edición de Adolfo García Martínez
Con la idea de favorecer a la gente del campo y aumentar la producción agrícola nació la Granja Agrícola de Tineo en 1925. Fue fundada por el ayuntamiento de esta localidad y la Diputación Provincial. Su objetivo era «fomentar la agricultura y ganadería, que son dos elementos principales de riqueza en la región asturiana de la que es centro el concejo de Tineo». Comenzó su actividad en 1927 con sementales de cerda y vacuno. Tras la Guerra Civil permaneció parada hasta que las dos instituciones fundadoras decidieron volver a activarla. España necesitaba alimentos y en esos años se volvió la vista al campo. El mencionado ingeniero Gabino Figar Álvarez, jefe del servicio agropecuario de la Diputación, tenía muy claro lo que había que hacer y no solo reactivó esta clase de granjas, como la de La Cadellada, en Oviedo, sino que promovió la fundación de otros centros nuevos: la Granja Escuela de Pola de Siero y la Estación Pomológica (1956) en Villaviciosa. El Estado, por su parte, creó en 1955 el Servicio de Extensión Agraria, cuyos primeros asesores fueron técnicos estadounidenses.
Para poner en marcha y dirigir la Granja Agrícola de Tineo se convocó una plaza de técnico en 1948. Se presentaron tres candidatos: uno, que estaba enfermo, fue rechazado; otro, con cualidades y experiencia, pero muy preocupado por conocer qué línea de autobuses había entre Pravia y Tineo, fue eliminado por el alcalde de Tineo, que quería a alguien que residiera en el concejo y que mantuviese estrecha relación con los vecinos («Y ese que no quiere saber nada del campo, es el que quiere trabajar en la Granja. ¡No!», fue el comentario del regidor), y Julio Antonio Fernández Lamuño, el más joven de la terna (tenía 28 años), fue el elegido («Escojan a este, que es de por aquí y conocerá algo», fue el veredicto final del alcalde). Comenzó a trabajar en enero de 1949 y en este puesto permaneció hasta el cierre definitivo de la granja en la primavera de 1975; en Tineo seguiría trabajando para la diputación y más tarde para la Consejería de Medio Rural del Principado de Asturias hasta su jubilación en 1987. En la granja también trabajaban un capataz y dos obreros.
Lamuño había nacido en Luarca el 25 de enero de 1920. Era licenciado en Ciencias, sección de Químicas, por la Universidad de Oviedo (promoción de 1939-44) y perito agrícola por el Instituto Nacional Agronómico de Madrid (1946). El sueldo de la Granja era pequeño, le daba para pagar pensión y comida. Y para aumentar sus ingresos estaba pluriempleado: daba clase en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Tineo y en una academia particular, hacía trabajos técnicos para el ayuntamiento y peritajes para el Juzgado de Primera Instancia de Tineo. Vivía en la villa de Tineo y mantendría durante toda su vida laboral, y después, un contacto continuo con los campesinos y un gran interés por conocer el entorno en el que trabajaba, en especial por su flora, su historia y su patrimonio cultural. Como resultado de este interés publicó numerosos libros sobre el concejo de Tineo y en 1993 fue nombrado cronista oficial del concejo. Desde 1949 publica todos los años un artículo en el programa de las fiestas de San Roque de Tineo.
Su trabajo en la Granja Agrícola de Tineo se centró sobre todo en diversas mejoras, que él mismo ha relatado detalladamente en el libro La Granja Agrícola de Tineo: notas para la historia de su creación, funcionamiento y misión desarrollada en la etapa 1925-1975 (2000), que son las siguientes:
Concentraciones parcelarias.— En el concejo de Tineo se realizaron en esos años la primeras concentraciones de Asturias en los pueblos de Borres, Sabadel de Troncedo, Murias y Villapró.
Ganado.— En esta materia, la labor de la Granja Agrícola de Tineo consistió en estudiar, seleccionar y fomentar el vacuno de carne autóctono, en especial la cría de xatos culones o terneros de doble grupa, así como en introducir razas de cerdos nuevas, como la Yorkshire y Landrace, y también de gallinas.
Praderas artificiales.— Se abrieron numerosas praderas en montes bajos improductivos, por el abandono del cultivo del trigo y el centeno y por la necesidad de aumentar el alimento para el ganado vacuno, que en los años sesenta estaba aumentando, pasando las caserías de tener tres o seis vacas a diez o veinte. Un prado normal daba entre 10.000 y 12.000 kg/ha de forraje, y uno abierto con semilla seleccionada y abono mineral multiplicaba por tres o cuatro su producción. Las primeras semillas selectas llegaron en un plan de ayuda de Estados Unidos de América en los años 1958-1960. En 1963, Lamuño fue a ese país a hacer unos cursos sobre «producción de forrajes en áreas húmedas» y recorrió los estados de Carolina del Norte, Ohio y Pensilvania recibiendo formación técnica y visitando granjas; todo ello organizado por la Agency for International Development de United States Department of Agriculture. El cambio que trajeron consigo estas praderas lo manifiesta Lamuño con un comentario que le hizo un campesino: «Mire, señor perito, me da tanta hierba que me avasalla».
Cereales y nuevos cultivos.— introducción de variedades de maíz de dobles híbridos, de semillas de trigo y patatas. También de arándanos, procedentes de Estados Unidos, que se plantaron en 1967 en un monte bravo de Borres; fueron los primeros que se plantaron en Asturias.
Construcciones nuevas.— La implantación de estercoleros, establos y silos.
Máquinas nuevas.— La principal incorporación en esta materia fue la de un tractor alemán, en 1962, marca man de 45 hp y tres cilindros, que se dejaba a los campesinos para trabajar sus tierras. Fue el primero que hubo en el concejo. Después los campesinos comenzaron a comprar tractores de segunda mano que venían de Castilla. El uso del tractor permitió la llegada de la vaca holandesa de leche, porque ya no hacían falta las vacas de raza autóctona para tirar de los aperos agrícolas y el carro.
Cursillos, conferencias y charlas.— Se daban en escuelas, tabernas, tiendas y salas de casas por la noche, adaptándose a los horarios de los campesinos, y en los que se trataba sobre avicultura, apicultura, abonos, maíces híbridos, viticultura, etcétera. Desde 1957 también se proyectaban películas de difusión agrícola y naturaleza, que solicitaban a las embajadas de Estados Unidos, Francia o Italia, con un proyector que adquirió la Diputación Provincial. Con esta labor de divulgación se ampliaba y completaba la formación técnica de los campesinos.
Toda esta tarea de difusión de técnicas y conocimientos agropecuarios la basó Lamuño en un continuo contacto con los campesinos, observando su vida y escuchando sus opiniones. En 1958 redactó un completo informe sobre los concejos de Ibias y Degaña. Fue el único funcionario de la Diputación Provincial que no puso objeciones para trasladarse hasta estas «lejanas, atrasadas e incomodas» tierras. Su método de trabajo lo describe él en el proemio: