Licenciado Don Bartholomé Ferrer


Curiosidades útiles. Aritmética, geométrica, y arquitectura o sea la regla de oro aritmética. El buen zelo, tratado geométrico. Y el curioso arquitecto, ó cartilla de arquitectura.
Edición facsímil de la de 1719, limitada a 300 ejemplares numerados
Con la llegada de Felipe V a España, en febrero de 1701, y especialmente a partir de la Guerra de Sucesión, se produce un cambio en los gustos artísticos que adoptan, a partir de ese momento, un estilo europeo en el que predominan las corrientes francesas e italianas.


Los artistas españoles, formados al abrigo de las empresas reales, conscientes de la necesidad de una formación europea se van incorporando, primero, a las fórmulas del último barroco hasta la primera mitad del siglo XVIII y, más tarde, a las del naciente neoclasicismo. Veremos que este esfuerzo será fecundo y dará sus frutos en la generación que nace ya muy entrado el siglo y trabaja bajo los reinados de Carlos III y Carlos IV. Todo ello habrá de influir decisivamente para la creación de la Real Academia de Bellas Artes, que se inauguró bajo el reinado de Fernando VI.

Pero mientras llegaba aquel ansiado organismo, fueron muy pocos los que pudieron gozar de una correcta formación artística. La mayoría aprendieron en los talleres, que andaban escasos de calidad y de ambiciones, o trabajando como aprendices en las obras para la realeza, verdaderas escuelas donde se iniciaban en el oficio.

El desarrollo de la arquitectura vino vinculado a la evolución y formación de oficiales trazadores, maestros de obras, canteros y arquitectos. Sólo los que poseían unos correctos y básicos principios, especialmente en aritmética y geometría, podían aspirar a llegar a convertirse en trazadores mayores, maestros de obra e, incluso, en arquitectos.

El libro que hoy ofrecemos aquí en edición facsímil: Curiosidades útiles. Arithmetica, Geometrica y Architectonica, está destinado preferentemente a la formación básica de los que, algún día, ocuparán los puestos clave en la realización de las grandes obras de arquitectura. El libro quizá fuese de menor utilidad para los arquitectos experimentados, porque el autor profundiza mucho en cuestiones elementales de aritmética y geometría, siendo la parte dedicada propiamente a la arquitectura la de menor extensión, donde el autor copia textualmente a los autores clásicos sin aportar nada nuevo a la teoría arquitectónica. Responde, no obstante, el libro, al proceso que podríamos denominar «ciencia práctica», fenómeno que se había producido ya en el resto de Europa a lo largo del siglo XVII. Este proceso no consiste más que en aplicar los conocimientos teóricos de la ciencia al hacer diario de las cosas, por lo que no se debe buscar en este tipo de libros más que una racionalización de los conocimientos, en este caso, de los fundamentos de la arquitectura.

Su autor, Bartolomé Ferrer, se nos presenta como cura de Olmeda de la Cuesta. Madoz, en su Diccionario geográfico, cuando describe el término dice, entre otras cosas, que la parroquia a la que pertenece está servida por un cura de primer ascenso; por lo tanto, es posible que fuera una persona joven en el momento de escribir la obra. Desde su modestia y limitada capacidad quiere, con el naciente espíritu ilustrado, contribuir al progreso de las artes y las ciencias, y así consigue un libro que si bien no es de arquitectura en el sentido estricto, ni se parece a los suntuosos tratados de arquitectura clásica, como el Serlio o el Vitrubio, sí es eminentemente didáctico y útil al recoger los datos científicos de otros, ordenándolos y preparándolos para su uso práctico.

No debemos pensar que se trata de una obra simplona y sin interés. Al contrario, el autor abarca un campo de la pedagogía arquitectónica que los autores clásicos y tradicionales tienen habitualmente descuidado; esto es, la formación de los oficios que habitualmente intervienen en la construcción de las grandes obras de arquitectura. Es, además, desde el punto de vista bibliográfico, un libro raro y del que no se ha hecho hasta hoy ninguna reimpresión ni edición facsímil.

Decimos que no existe ninguna reimpresión, y que ésta de 1719 es la edición príncipe, porque si bien tanto Palau y Dulcet como Florentino Zamora Lucas en su Bibliografía Española de Arquitectura, y Bonet Correa en su Bibliografía de Arquitectura, Ingeniería y Urbanismo en España (1498-1880), que utilizan a Palau, citan una edición de 1616, se trata de un error, puesto que Ferrer dedica la obra a un coetáneo suyo, Juan Manuel Fernández Pacheco (1650-1725), marqués de Villena y de Moya, duque de Escalona y fundador de la Real Academia Española.

Ya en 1716, tres años antes de publicar el libro que aquí presentamos, hacía el autor sus pinitos con otra obra titulada El Curioso Arquitecto o la cartilla ABC de la Arquitectura, que vio la luz en Madrid en la imprenta de Eusebio Fernández de la Huerta, obra que seguramente confundió a Palau.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, no son muchos los tratados de arquitectura publicados. Contemporáneos de esta obra son: el Compendio Mathemático en que se contienen las materias más principales de las Ciencias que tratan de la cantidad, del Dr. Thomas Vicente Tosca, la Arithmética Demostrada de Corachán, los curiosos manuscritos del benedictino fray Pedro Martínez y el importante tratado de Athanasio Genaro Brizguz y Bru Escuela de Arquitectura Civil, en los que se contienen consideraciones sobre los órdenes de arquitectura, la distribución de los planos de los templos y casas y el conocimiento de los materiales.

En todos ellos es fácil advertir el esfuerzo de la naciente Ilustración por contribuir a la formación científica y al progreso de la nación. Consecuencia del desarrollo económico de la España borbónica, fue el inicio de un proceso constructivo que prácticamente afectó a todas las poblaciones del país. Este desarrollo económico supuso, a la vez, un desarrollo cultural con un aumento de la circulación de libros en número importante, estando fundamentalmente los de carácter teórico traducidos de autores extranjeros, y los de carácter práctico escritos por españoles.

Analizando la obra que nos incumbe, vemos que se compone de tres partes.

La primera está dedicada a la aritmética, enseñando las operaciones básicas y algunas curiosidades y juegos matemáticos.

En la segunda se explica la geometría, necesaria para iniciar a los futuros maestros de obras en la labor de canterías. Comienza por las mediciones más elementales de áreas y volúmenes, inicia el replanteo de edificios y advierte de los errores más frecuentes en que se suele incurrir. Cita para ello a Juan Pérez de Moya y su Geometría Práctica.

Sobre uno de los asuntos más importantes que trata, el modo de medir las piedras de cantería, advierte el autor que fueron consultados en Madrid D. Antonio Palomino y D. Teodoro Ardemans, pintores de cámara y doctos matemáticos que, además, tomaron parte activa en la revisión de la obra. Ardemans fue uno de los arquitectos de mayor prestigio durante el reinado de Felipe V, junto con los hermanos Churriguera.

Volviendo a nuestro libro, recurre el P. Ferrer en esta parte geométrica a los clásicos, y así cita a Vitrubio, Caramuel, Juan de Arfe, al padre Diego Kresa, al padre José de Zaragoza, Don Sebastián Fernández de Medrano, fray Lorenzo de San Nicolás, etc.

La tercera parte se dedica enteramente a la arquitectura, introduciendo el asunto con veinte máximas o consejos sacados de los autores citados. La acompaña un índice con términos de arte y arquitectura ordenados alfabéticamente. También explica las proporciones constructivas estimadas para los cimientos, paredes y estribos, y asesora sobre la utilización de la cal y la arena en lo referente a su mezcla y relación. Da enseñanzas sobre la utilización de la madera y sus diferentes especies, aconsejando sobre las épocas más apropiadas para su corta y secado. Da a conocer, también, las diferentes clases de piedra, su saca, labor y asiento.

«Al gusto tradicional» están escritos los últimos capítulos del libro, donde se estudian las órdenes y proporciones y se explica la técnica para la realización de columnas con el modo de disminuirlas o aligerarlas. Como ejemplo práctico, enseña el autor la forma de realizar la medida de un templo, subdividiendo la obra en parciales: la capilla mayor, las paredes oriente y poniente del presbiterio, el crucero y los ángulos, las paredes de la cúpula y la capilla mayor, las medidas de la cantería con sus estribos, esquinas, las pilastras con sus basas, cúpula y cornisas, etc.

El capítulo 18, casi terminando el libro, lo emplea el autor, a modo práctico, en hacer la descripción y planta de la Real Casa y Fábrica de Moneda de la ciudad de Cuenca.

Es este un libro, en suma, que se ojea con gusto; y en el que se pueden encontrar curiosidades aritméticas y tener conocimiento de los procedimientos artesanales utilizados en el replanteo de las construcciones por los maestros de antaño. Sin embargo no deja de ser, como se dijo en un principio, más que un modesto y discreto manual, teniendo a mi juicio, y desde el punto de vista del bibliófilo, un cierto valor de rareza.

Colección Avello de Bibliofilia
Página actualizada el 1.2.2002