Rosario de Acuña y Villanueva


Obras reunidas, I. Artículos (1881-1884)
Edición de José Bolado
Obras reunidas, II. Artículos (1885-1923)
Edición de José Bolado
Obras Reunidas, tomo III. Prosa
Edición de José Bolado
Obras reunidas, IV. Cuentos, cartas y teatro
Edición de José Bolado
Obras Reunidas, V. Lírica y otras prosas
Edición y estudio de José Bolado. Epílogo de María José Lacalzada
Nace en Madrid, el 1 de noviembre de 1850. Sus estudios, muy amplios, los realiza fundamentalmente en la casa familiar. Su padre, don Félix de Acuña y Solís, tutela su educación. Desde la adolescencia escribe versos, pero, sobre todo, lee y viaja. En 1876 estrena con éxito su primera obra dramática, Rienzi el tribuno, en el teatro del Circo, de Madrid.
En la primavera de 1884 interviene en el Ateneo de Madrid, en una velada poética. Es la primera mujer que lo hace y el hecho tiene repercusión pública. Es entonces ya una escritora muy conocida, que ha publicado libros de prosa, teatro y lírica, y colabora con frecuencia en los principales diarios y revistas españoles. En 1886 es iniciada en una logia de adopción masónica, la Constante Alona de Alicante, con el nombre simbólico de Hipatia, que, en algunas ocasiones, utilizará como firma literaria. El padre Juan, que estrena en el teatro de La Alhambra, de Madrid, en 1891, la enfrenta con la autoridad gubernativa, que suspende las funciones. Como mujer de teatro ella misma había producido y dirigido la obra.
Sus convicciones republicanas, su apasionada defensa de la libertad, del humanismo, y de modo especial sus esfuerzos a favor de los derechos civiles de las mujeres, marcaron de adversidades su vida. Un artículo satírico, condenatorio de las actitudes machistas de un grupo de estudiantes que insultan a mujeres universitarias, a fines de 1911, la enfrenta a la sociedad conservadora. Tiene que huir a Portugal.
La biografía de Rosario de Acuña es un apasionante itinerario de éxitos y fracasos, de encumbramiento social y declive, de experiencias como mujer y como escritora a la vanguardia del siglo. Su lema era la libertad, y por ella, y con ella, escribía y actuaba, conformando, a veces en soledad, un relato vital extraordinario y una escritura rigurosa y valiente. Muere el Gijón, el 5 de mayo de 1923, en una casa humilde que era atalaya sobre la mar y los valles de la ciudad.