Pedro García de Ovalle


Sobre la prohibición de cazar hecha a los clérigos
Edición facsímil de la obra de 1655 limitada a 300 ejemplares numerados. Prólogo de Manuel Terrón Albarrán.Traducción del texto latino y notas de Ramón Gutiérrez González
Nació en Astorga, quizá en 1620, aunque carecemos de datos fiables para afirmarlo. Tras graduarse Bachiller en Cánones en la Universidad de Salamanca en 1648, cursó Leyes en Irache en 1651, desde donde pasó a Valladolid como sustituto de cátedra hasta 1654, año en que oposita a ella y que gana dos años después. Por entonces, Ovalle era canónigo Doctoral de la Catedral de Astorga.
Procedía nuestro autor del viejo y afamado linaje de los Ovalle, cuyo origen legendario se atribuyó a los primeros héroes de la Reconquista. Su padre fue Regidor de Astorga, cargo que heredaron sus sucesores y que tuvieron a perpetuidad los miembros de la casa.
Dictaba sus clases nuestro autor en la Universidad de Valladolid, cuando en 1657 un hecho vino a cambiar su vida de estudioso y afamado profesor: su salto a América, al Perú, donde radicaría también su hermano Manuel Antonio, poderoso hacendado, fundador del mayorazgo de Ovalle. Nombrado, ese año, Alcalde de Corte de la Audiencia de Lima, pasó a la ciudad de los Reyes al siguiente, y bien pronto fue destacado a la Fiscalía de Charcas. En 1661, en su calidad de Oidor más antiguo, se le encargó la fundación de la Chancillería de Buenos Aires donde permaneció hasta octubre de 1665. Posteriormente fue asesor del nuevo Virrey de Perú, D. Pedro Antonio Fernández de Castro, siendo nombrado Alcalde del Crimen de la Audiencia de Lima. A este alto cargo llegaban las apelaciones de las causas criminales del distrito. En 1670 contrajo matrimonio con doña Inés Arias Maldonado, nacida en Cuzco, y vástago del capitán Diego de Maldonado. Un año después se le nombraba Oidor de la propia Audiencia de Lima. Y en 1679 recibía el mismo nombramiento para la Chancillería de Valladolid, regresando así a la ciudad donde dos décadas atrás había dejado su cátedra. Once años después era relevado nombrándosele Abad de Santillana del Mar.